Debo aún aprender a conocer sus artilugios, orientar hacia el arte de la reflexión y la comunicación mis intentos y sueños. Pero un propósito me asiste, ir sembrando mis semillas literarias, hechas verso y prosa en estas páginas, sin otra pretensión que compartir susurros y esperanzas.
Poema en la cuarentena Pasó el otoño y al morir el invierno arribó este fantasma que amenaza la vida y sus designios. La silueta del mundo ha desviado su ruta y aquí permanecemos, cual aves sin alas, prisioneras. Me asomo a su ventana, sin consuelo, y en mi pecho aguarda la esperanza. Tendrá que pasar este tormento, esta gota de acíbar que nos hiere. Y sé que una mañana se abrirán las flores a su paso, y la alegre corola de su risa besará las calles nuevamente, hoy lánguidas y mustias. Sé que una mañana imaginaré de nuevo su sonrisa y su estampa tan leve como una golondrina, regresará a mis ojos hoy vacíos. Tendrá que pasar este castigo, esta fiera tiniebla, esta desdicha, volverán diligentes los afanes y las manos del mundo, (este mundo pequeñito que nos cubre,) amasarán el pan y la alegría. Sentiremos tal vez, las agujas del tiempo en la mirada; y este corcel inexorable que cabalga tan raudo hacia la noche.
Justo hoy recuerdo el bello poema de Machado.A un olmo viejo. Justo hoy, cuando a las seis de la tarde, una tarde quieta y calurosa, el inmenso pino enfrente de mi balcón se derrumbó, con sólo un ruido sordo, tal vez un gemido de despedida. Allí está todavía, tendido sobre la calle cubierto de su ramaje verde y ya no vendrán los pájaros que acudían cada atardecer. Ver morir un árbol es tan triste como ver morir un ser humano.
En esta tarde calurosa de finales de junio, abro las ventanas de este Blog, que aún no tiene arribo ni destino.
ResponderEliminarDebo aún aprender a conocer sus artilugios, orientar hacia el arte de la reflexión y la comunicación mis intentos y sueños. Pero un propósito me asiste, ir sembrando mis semillas literarias, hechas verso y prosa en estas páginas, sin otra pretensión que compartir susurros y esperanzas.
ResponderEliminarPoema en la cuarentena.
ResponderEliminarPoema en la cuarentena
Pasó el otoño y al morir el invierno
arribó este fantasma
que amenaza la vida y sus designios.
La silueta del mundo
ha desviado su ruta
y aquí permanecemos,
cual aves sin alas, prisioneras.
Me asomo a su ventana, sin consuelo,
y en mi pecho aguarda la esperanza.
Tendrá que pasar este tormento,
esta gota de acíbar que nos hiere.
Y sé que una mañana
se abrirán las flores a su paso,
y la alegre corola de su risa
besará las calles nuevamente,
hoy lánguidas y mustias.
Sé que una mañana
imaginaré de nuevo
su sonrisa
y su estampa tan leve
como una golondrina,
regresará a mis ojos
hoy vacíos.
Tendrá que pasar este castigo,
esta fiera tiniebla, esta desdicha,
volverán diligentes los afanes
y las manos del mundo,
(este mundo pequeñito que nos cubre,)
amasarán el pan y la alegría.
Sentiremos tal vez,
las agujas del tiempo en la mirada;
y este corcel inexorable
que cabalga tan raudo hacia la noche.
Perdonad la torpeza. Esto no es un comentario, es un poema de mi cuaderno Hojas de otoño. 2020.
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ResponderEliminarJusto hoy recuerdo el bello poema de Machado.A un olmo viejo. Justo hoy, cuando a las seis de la tarde, una tarde quieta y calurosa, el inmenso pino enfrente de mi balcón se derrumbó, con sólo un ruido sordo, tal vez un gemido de despedida. Allí está todavía, tendido sobre la calle cubierto de su ramaje verde y ya no vendrán los pájaros que acudían cada atardecer. Ver morir un árbol es tan triste como ver morir un ser humano.